Salmorejo de Córdoba.

Me enseñó a hacerlo hace unos años una amiga cordobesa y, aunque lo cierto es que la primera vez que lo tomé, preparado por ella, no me gustó demasiado, comparándolo con el gazpacho, con esa explosión de sabor de tantas verduras frescas, he ido acostumbrándome a su sabor cada vez que he repetido. Ahora es uno de mis platos (o vasos, que si sobra acabo bebiéndomelo) fríos favoritos, sobre todo desde que lo preparo con los tomates de nuestra huerta, que nada tienen que ver con los que antes compraba expresamente para hacer el salmorejo. Porque los dejo madurar en la mata y eso, en el sabor, se nota.
Hay que poner el pan del día anterior (una barra, más o menos) a remojo en agua hasta que se ablande. Lo utilizaremos después muy escurrido para triturarlo con los tomates, muy maduros y pelados, con un par de dientes de ajo y un buen chorretón de aceite de oliva. Yo sal le pongo poca.
Al servirlo, preferiblemente en cuencos de barro, se le añade huevo cocido muy picadito y tiras finas de jamón serrano. Se come con cuchara...o mojando con pan.
